LOS MALES DE LA JUSTICIA

LOS MALES DE LA JUSTICIA

¿Cuales son los males de la Justicia?¿Que ha ocurrido para que la percepción que los ciudadanos y profesionales tienen de este pilar básico del Estado de Derecho, haya empeorado?

Desde mi perspectiva de 22 años de ejercicio profesional en los estrados de los juzgados, puedo afirmar con nostalgia, que en aquellos primeros años de abogado litigador la Justicia inspiraba más respeto, que ese respeto suponía un más exquisito trato de los Jueces a los Letrados y de éstos hacia ellos, que la relación con los compañeros era más cordial, que el tiempo que transcurría entre la presentación de las demandas y las resoluciones judiciales, era más corto, y por último y de manera muy especial, que era mucho mejor aquella ciencia jurídica de las Sentencias que recibíamos de los Juzgados, Audiencias Provinciales y Tribunales Superiores en las que, con independencia del resultado del pleito, el operador jurídico que les habla, recibía de ordinario una respuesta completa y fundada en derecho a todas las cuestiones que se planteaban.

¿Que ha pasado entonces? No somos muchos más ciudadanos en nuestro país de los que éramos hace 20 años  y, en apariencia, la actual Administración de Justicia debería de haberse tornado más rápida y eficaz, más especializada, el número de Juzgados casi se ha duplicado en todos los partidos judiciales en los que intervengo,se han separado jurisdicciones, hay Juzgados especializados en familia, en violencia de género, en materia mercantil y societaria, mi ciudad cuenta y antes no los tenía, con Juzgados de lo contencioso y de vigilancia penitenciaria; donde había una Sección de la Ilma. Audiencia hoy hay tres, hay más Juzgados de lo Social que antes, unas leyes procesales más modernas y adaptadas y sin embargo, los tiempos de espera se han alargado, pero sobre todo y lo que es más importante, las resoluciones judiciales (salvo honrosísimas excepciones) están menos fundadas y son menos comprensibles que las que manejaba cuando empecé a ejercer.

Cualquier lector puede pensar que en realidad son mis ojos los que han cambiado o que, quizá, el paso del tiempo de manera inevitable ha aumentado de mis conocimientos de la ciencia jurídica y ahora ese poco saber mejorado me hace apreciar menos fundadas las Sentencias y autos de hoy, que aquellos que al comienzo de mi carrera veía como auténticos tratados de derecho, pero, en contra de esa posibilidad, se alzan cuestiones indiscutibles.

Jamás en aquellos primeros años me planteé, ni ningún Letrado de mi entorno tampoco, formular la cantidad de recursos a los que hoy me veo abocado contra meras resoluciones interlocutorias emanadas de los Juzgados, para velar porque se cumplan las normas del procedimiento.

La actual y desaforada vorágine legislativa que dudo que sufra ningún país de nuestro entorno, era entonces imposible de imaginar, asistimos a la aprobación de leyes que se reforman a tal velocidad que cualquier resolución es, por así decirlo, provisional, no hay Juzgador que pueda dictar aquellas resoluciones "ex cátedra" que yo conocía, todo es discutible, se actúa sobre entarimados muy livianos y cambiantes. Muchas normas esenciales que manejamos no tienen tiempo de llegar a ser fijadas en su interpretación por los Tribunales de superior rango, antes de que ello ocurra son cambiadas y se convierten en letra muerta. Valgan de ejemplo las más de 30 reformas que lleva en sus 20 años de vida el Código Penal, las más de 15 que lleva en sus 12 años de vida la Ley Concursal, o los contínuos cambios introducidos de forma sistemática en todo el cuerpo normativo vía Disposiciones Adicionales de textos ajenos a la materia que se reforma o por la vía de los Presupuestos Generales del Estado.

Consecuencia de lo anterior es la aparición de una novísima y constante "inseguridad jurídica" que de facto supone, que casi todo pueda ser, procesal y materialmente discutible, y por tanto planteado en una sala de justicia.

A ello se añade que los nuevos jueces que alcanzan sus primeros destinos no tienen tiempo ni modo de asentar los fundamentos jurídicos básicos que desde el sosiego, les haga capaces de impartir la Justicia de forma previsible, su carga de trabajo es demasiado grande desde el comienzo y el ordenamiento jurídico que deben de manejar, inabarcable.

Con estos interrogantes abiertos que introduzco, ¿qué podría paliar la situación, que medidas se podían arbitrar?

Voy a apuntar hoy algunas sugerencias y dejo su desarrollo individual para ulteriores comentarios en otros artículos.

En primer lugar considero imprescindible un gran pacto de estado entre todos los partidos políticos para que, en cada legislatura, se trabaje de forma conjunta y se consensue un ordenamiento jurídico estructurado y unívoco, con un compromiso firme e inquebrantable de no abordar reformas en las alternancias políticas. El BOE debe dejar de ser usado como un elemento para conseguir votos de colectivos concretos. No se puede legislar a golpe de rabiosa actualidad social. A veces lo que se viene a regular, ya está regulado, y lo que se regula nunca supone una sistematización de lo que ya existía.

Es fundamental restaurar cuanto antes la seguridad jurídica, la independencia y exclusividad que la Constitución otorga a Juzgados y Tribunales para impartir la Justicia no puede hacer que caigamos en la arbitrariedad que estamos rozando. Es vital que todos apliquen la Ley de igual forma, que los órganos inferiores apliquen de manera insoslayable los criterios que fijen los tribunales superiores, que cada Secretario/a judicial no interprete a su modo la Ley de Enjuiciamiento Civil o la Ley de la Jurisdicción Social o la que le corresponda, abogo en definitiva, por un sistema que orbite sobre la institución anglosajona de "el precedente", entiendo que únicamente así se puede construir un proceso judicial con un final menos incierto. Primero la seguridad jurídica y luego todo lo demás.

Hay que mejorar, mucho diría yo, la formación jurídica y humanística de los nuevos jueces como pilares esenciales que han de controlar las normas del proceso, ellos deben de marcar y guiar las recuperación y regeneración de las formas y modos procesales. Las normas del proceso son las autopistas por las que tenemos que ir a los sitios, sin ellas todo lo demás pierde sentido. También necesitarán los nuevos jueces, para un mejor desarrollo de su función, un proceso de adaptación a su difícil función más largo y progresivo, el inicio de su desempeño debería estar tutelado por jueces con experiencia que les ayuden a asentar los pilares jurídicos esenciales de nuestro ordenamiento procesales y materiales.

El cambio debe ser urgente y el compromiso por parte de todos, firme.

Juan Carlos Calatrava, Socio en CONFIRMA ABOGADOS 

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